sábado, 15 de agosto de 2009

Resumen*

Resumen de El Secreto:
El Secreto y las Relaciones...
* Tu trabajo eres tú. A menos que primero te llenes a ti mismo, no tendrás nada que dar a nadie.
* Trátate con amor y respeto y atraerás a las personas que te amarán y respetarán.
* Cuando no estás a gusto contigo mismo, estás bloqueando el amor y sigues atrayendo a más personas y situaciones que te hacen sentir mal.
* Enfócate en las cualidades que te gustan de ti, y la ley de la atracción te enseñará más cosas buenas de ti.
* Para que una relación funcione, enfócate en lo que aprecias de la otra persona y no en lo que no te gusta. Cuando te enfocas en lo bueno, obtienes más de lo mismo.
El Secreto y el Mundo...
* Aquello a lo que te resistes es lo que atraes, porque estás fuertemente enfocado en ello con tu emoción. Para cambiar cualquier cosa, reclúyete en tu interior y emite una nueva señal con tus pensamientos y sentimientos.
* No puedes ayudar al mundo enfocándote en lo negativo. Cuando te enfocas en los acontecimientos negativos, no haces más que ampliarlos, además de atraer más cosas negativas a tu vida.
* En lugar de enfocarte en los problemas del mundo, pon atención y energía en el amor, la confianza, la abundancia, la educación y la paz.
* Nunca se acabarán las cosas buenas porque hay de sobra para todos. La vida es abundancia.
(De algo deberán servirme estos consejitos... Antes que todos estoy yo!)
Todo va a estar bien... :)

jueves, 6 de agosto de 2009

La Dialéctica de la Soledad

Apéndice

La Dialéctica de la Soledad

EL LABERINTO DE LA SOLEDAD
Octavio Paz*

La soledad es el fondo último de la condición humana. Así, sentirse solos posee un doble significado: por una parte consiste en tener conciencia de sí; por la otra, en un deseo de salir de sí.

La soledad, que es la condición misma de nuestra vida, se nos aparece como una prueba y una purgación, a cuyo término, angustia e inestabilidad desaparecerán. La plenitud, la reunión, que es reposo y dicha, concordancia con el mundo, nos esperan al fin del laberinto de la soledad.

Las penas de amor son penas de soledad. Comunión y soledad, deseo de amor, se oponen y complementan. Y el poder redentor de la soledad transparenta una oscura, pero viva, noción de culpa: el hombre solo “está dejado de la mano de Dios”.

En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible. Todo se opone a él: moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre “lo otro”, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Medio para obtener el conocimiento y el placer, vía para alcanzar la supervivencia, la mujer es ídolo, diosa, madre, hechicera o musa, según muestra Simone de Beauvoir, pero jamás puede ser ella misma.

Entre la mujer y nosotros se interpone un fantasma: el de su imagen, el de la imagen que nosotros nos hacemos de ella y con la que ella se reviste. Ni siquiera podemos tocarla como carne que se ignora a sí misma, pues entre nosotros y ella se desliza esa visión dócil y servil de un cuerpo que se entrega.

El amor es elección. Para realizarse, el amor necesita quebrantar la ley del mundo. En nuestro tiempo el amor es escándalo y desorden, transgresión: el de dos astros que rompen la fatalidad de sus órbitas y se encuentran en la mitad del espacio…